sábado, 12 de marzo de 2011

EVANGELIO- Historicidad -











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Existencia y Dios.
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Marcelo i. m. - Pepa i. m.


(Los párrafos que no corresponden a la autoría de blogdelafe son señalados precisando sus fuentes)


EVANGELIO- Historicidad -

El Evangelio es la sobrenaturaleza divina manifestándose en la naturaleza. En su máxima expresión posible: con Dios hecho hombre. La verdad de la Santísima Trinidad nos llega con Jesús. El Verbo, el Hijo encarnado, Kyrios: Jesucristo.

De los griegos que buscan a Dios en el Antiguo Testamento, y los judíos helenistas que encuentran sabiduría también en la filosofía de aquellos, se llega al Evangelio para culminar en la revelación de la Trinidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Toda la sobrenaturaleza del Hijo y el Espíritu revelada en un minúsculo tramo de la historia, que se cumple ante unas pocas personas en apenas un punto geográfico, pero que reconcilia a Dios y toda la Humanidad. Aun los que no creyeron serán iluminados y los que se resistieron verán su soberbia doblegada por el Amor.

Pablo habla de Cristo Jesús como se le manifiesta. Su fe en Jesucristo comienza en su camino a Damasco. Pablo no es testigo presencial de la vida temporal de Jesucristo sino que se le aparece resucitado. Del tiempo y vida de Jesús recibe directamente el testimonio de Pedro y otros testigos, además del conocimiento personal que obtiene en Jerusalén de estos extraordinarios acontecimientos, cuya trascendencia - al principio- entienden unos pocos.

Pablo es un hombre culto, un judío fariseo. Tiene una formación religiosa esmerada, no es un individuo supersticioso. Comienza su apostolado apenas transcurridos tres o cuatro años desde la crucifixión y resurrección de Cristo Jesús. Y veinte años después sus Epístolas ya presentan toda la teología y la fe cristiana.

En sus Epístolas Pablo nos ofrece la Revelación de Dios como su Evangelio.

Es indudable la historicidad del Cristo de la fe paulina. Si de las Epístolas se eliminaran las menciones de Cristo Jesús resucitado, carecerían de sentido.


“Esto puede ser demostrado empíricamente afirmando que todos y cada uno de los detalles en san Pablo convergen hacia Jesucristo, y ello de tal modo que, ‘sin’ Jesucristo, su enseñanza se vuelve totalmente incomprensible, tanto en conjunto como en detalle.(Aciprensa. F. Prat. Transcrito por Donald J. Boon. Traducido por J. Moreno-Dávila).


M. A. Fuentes citando a Juan de Maldonado, explica en Catholic. Net, “que Jesús es Emmanuel (Is 7, 14) porque es Dios con nosotros. ‘Hijo de Dios’ (Lc 1, 35). Yehoshuah. ‘Yahvéh salva’ (Mt 1,21-23). Muchos llevaron el nombre de Jesús, pero Pablo habla de Jesucristo crucificado y resucitado.

Pablo en sus Epístolas habla de Cristo Encarnado, de Jesús que experimentó la muerte y la venció. ‘El Mesías murió’ (1 Cor 15,3-16); ‘predicamos un Mesías crucificado’ (1 Cor 1,23)”.


Pablo habla de la Resurrección de Cristo encarnado. Pablo llama por su nombre a Cristo Jesús. Nadie puede, con auténtica honestidad intelectual, imaginar a Pablo refiriéndose a un ser celestial resucitando en un ámbito mítico ni a la resurrección de un espíritu sin cuerpo. De ninguna manera hablaría de Cristo Resucitado si no hubiera sido hombre.

Pablo es absolutamente contemporáneo de Jesús, Cristo Resucitado, no de un personaje mitológico en una dimensión fantástica. No se trata de una profecía paulina de resurrección. Jesucristo es la perfección del Hijo humanado. Pablo lo nombra como ya resucitado y “viniendo” a cumplir en el futuro- con su Parusía- todas las profecías mesiánicas. Queda por realizarse la era mesiánica. Aunque de manera individual la Parusía empieza a cumplirse al morir cada uno y con cada juicio particular. Extremando esta interpretación, “ para H. Dodd, (en ‘La predicación apostólica y sus desarrollos’, Madrid, 1974), se trata de un encuentro de la persona individual con Dios al término de su existencia. De acuerdo a su análisis nada se opone a considerar la historia como un proceso indefinido y abierto. ( )

Como fiel cristiano el teólogo Manuel Lacunza (1731-1801) en ‘La Venida del Mesías en Gloria y Majestad’ reconoce, que Cristo es el centro del proceso histórico universal y reitera la creencia cristiana en las dos venidas, subrayando que ante el incumplimiento de ciertas promesas fundamentales es necesario aguardar de la segunda venida el pleno cumplimiento. Para Lacunza, la era mesiánica tendrá lugar efectivo en el futuro.” (“Historia y escatología”, Fredy Parra. Pontificia Universidad Católica de Chile).


“Hermanos, no queremos que estéis en la ignorancia respecto de los muertos, para que no os entristezcáis como los demás, que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y que resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús. Os decimos esto como la Palabra del Señor: Nosotros, los que vivamos, los que quedemos hasta la Venida del Señor no nos adelantaremos a los que murieron. El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar” (1 Tesalonicenses 4,13-16).
“En lo que se refiere al tiempo y al momento hermanos, no tenéis necesidad de que os escriba. Vosotros mismos sabéis perfectamente que el Día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche. Cuando digan: ‘Paz y seguridad’, entonces mismo, de repente, vendrá sobre ellos la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta; y no escaparán. Pero vosotros, hermanos, no vivís en la oscuridad, para que ese Día os sorprenda como ladrón, pues todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día. Nosotros no somos de la noche ni de las tinieblas. Así pues, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan. Nosotros, por el contrario, que somos del día, seamos sobrios; revistamos la coraza de la fe y de la caridad, con el yelmo de la esperanza de salvación. Dios no nos ha destinado para la cólera, sino para obtener la salvación por nuestro Señor Jesucristo, que murió por nosotros, para que, velando o durmiendo, vivamos juntos con él. Por esto, confortaos mutuamente y edificaos los unos a los otros, como ya lo hacéis” (Nota de la Biblia de Jerusalén: ‘Velando o durmiendo’ significa también aquí ‘vivos o muertos’, como en 4; todos los fieles participarán en la salvación final.) 1 Tesalonicenses 5,1-11.


El Evangelio según San Pablo es el que vivieron con Jesús los Discípulos y los Doce y también es la revelación personal- de Jesucristo resucitado- a ellos y a Pablo.

El “último de los Apóstoles” ignora o puede ignorar detalles o aun íntegramente algunos sucesos protagonizados por Jesús. No relativiza su predicación que no lo llame “Hijo del hombre”, ni que deje de mencionar milagros y a Judas como traidor. El les habla también a quienes ya conocen la vida de Jesús. Las Epístolas del primer siglo están dirigidas a cristianos o comunidades cristianas organizadas que ya conocen la Vida y Pasión de Jesús. Estas cartas no tienen un propósito biográfico o histórico sobre Jesús, desde su nacimiento en Belén hasta su muerte en la cruz. Contienen sólo algunas alusiones espontáneas sobre el Jesús terrenal, cuya historia dan por conocida, y proporcionan una enseñanza teológica al mismo tiempo que las directivas necesarias para esas comunidades.

Una carencia que confunde a algunos comentaristas de las Epístolas y detractores modernos de la fe cristiana, es la de no comprender que no hay tiempo en la sobrenaturaleza (en general no aceptan sobrenaturaleza alguna). Simplemente no entienden que la fe cristiana identifica a Jesús con el Hijo en la eternidad. Por principio: Cristo Jesús existe desde la eternidad del Padre. Cristo Jesús existe desde siempre pero se encarna en el tiempo. Aunque Jesucristo se encuentra con su cuerpo glorioso en el seno de la Trinidad, resucitó en el tiempo.

La eternidad- para decirlo con énfasis- “irrumpe” en el tiempo, con Cristo humanado y el Espíritu Santo. Un misterio que, en parte como abstracción pero fundamentalmente con la fe, llega a nuestra parcial comprensión. El tiempo como tal nunca es eternidad.

El tiempo y espacio con todas las nociones inteligibles y todo lo sensible, es idea de Dios para formar cada individualidad en nuestra existencia.

Ninguna potencia en la marcha del cosmos, está por encima del gobierno de Cristo.


Cristo Kyrios, Hijo, Imagen del Padre, tiene asumido en sí todo el Pléroma, es decir toda la plenitud del Ser (B. de J.).

La filosofía griega encuentra que un orden necesario, inteligible e impersonal rige el universo. Las cosas suceden de acuerdo con su esencia o naturaleza. Tal orden puede ser descubierto por el hombre en el uso de su palabra. Es decir, que la ley (logos) que rige el mundo y el logos como razón-palabra, son un mismo logos. El ser existe y es imposible que no exista. Hasta aquí no corresponde al Dios trascendente judío.
El logos griego, fuerza cósmica impersonal, presenta entonces tantos enigmas y dificultades lógicas como hoy la teoría del “Big Bang” y las varias que se formulan sobre evoluciones naturales.

Luego de su encuentro con el Antiguo Testamento, frente al Evangelio, la pregunta de la filosofía griega se centra en quién es Cristo.


“La Palabra (Verbo), siempre ha existido junto a Dios. Por ella todo fue creado.

Y la Palabra se hizo carne (Jn 1, 14).

En una cristología descendente: Cristo preexistía como Dios y se encarnó.

El Hijo unigénito de Dios, Dios con nosotros (Emmanuel), es el Hijo que él envió y que en todo hace Su voluntad, porque el Padre y Jesús son uno: el Padre está en él y él en el Padre.

La fe de la Iglesia responderá que Cristo (el Logos y el alma de Jesús) es uno
y el mismo (concilio de Efeso), verdadero Dios (consubstancial con el Padre, como había dicho Nicea) y verdadero hombre (con alma humana, en Constantinopla I).

Puesto esto, el concilio de Calcedonia definirá en el año 451: una persona en dos naturalezas, divina y humana, sin mezcla ni separación. Esta unión de lo humano y lo divino es la verdadera encarnación. Y gracias a ella nos salva. Porque sólo Dios (la unión con él) salva, pero, para eso, todo lo que va a ser salvado (todo el hombre) tiene que ser asumido.

Afirmar el 'sin separación' entre lo divino y lo humano que en Cristo están unidos para siempre, da sentido a la vida y al trabajo del hombre, aquel sentido que sólo Dios puede dar. Así impulsa a trabajar por el hermano transformando el mundo.

¿Cómo se puede entender la Trinidad si no es desde Cristo? ¿Cómo se puede entender a Cristo sino como Hijo de Dios, enviado por el Padre en el Espíritu Santo?

Es el hijo de José, descendiente de David, según las profecías, pero que nace de una Virgen por obra del Espíritu Santo. Es el Hijo de Dios.

Encarnación y creación. Todo fue creado por Cristo, en él y para él. Dios quiere que él tenga la primacía en todo.

Gracias a la Encarnación, el hombre Cristo Jesús es el único mediador. Todas las mediaciones del Antiguo Testamento culminan en él. La Iglesia y los sacramentos son continuación de su mediación. La Virgen María es causa también de su Encarnación y resplandor de ella.

En la cristología ascendente Jesús es exaltado a la diestra del Padre, quien lo resucita mediante su Espíritu, y lo constituye Señor e ‘Hijo de Dios’ (título mesiánico), con poder. Por la resurrección Jesús ha pasado de la carne al espíritu.

Definitivamente Jesús resucitado es el Señor (Kyrios, título dado a Yahweh en la traducción de los setenta. Los judíos de los dos últimos siglos a.C. empezaron a dirigirse a Dios utilizando el término absoluto Kyrios junto al arameo Mareh/Marja y el hebreo Adón. G. Iammarrone), ante quien se dobla toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos. Cristo Kyrios, Hijo, Imagen del Padre, tiene asumido en sí todo el Pléroma, es decir toda la plenitud del Ser. Para ser esto así en la escatología, necesita de alguna manera haberlo sido en la protología, al principio. Cristo es el Hijo que preexistía y que fue enviado por el Padre a nacer de mujer” (Sergio Zañartu, s. j. en Revista Católica 101).
Jesús resucitado queda identificado con el Kyrios por el que todos somos, y merece ser llamado “Hijo de Dios” como en la eternidad. (El título debió tener su origen, no en el judaísmo helenista, sino en el palestino, donde se empezó a invocar a Jesús Mesías como Señor:(Mareh Jeshua Meschiha = Kyrios Jesous Cristos. G. Iammarrone).


Romanos 1; 1-7: Pablo siervo de Cristo Jesús, apóstol por vocación, escogido para el Evangelio de Dios que había ya prometido por medio de sus profetas en las Escrituras Sagradas acerca de su Hijo, nacido del linaje de David según la carne, constituido Hijo de Dios *con poder, según el Espíritu de santidad , por su resurrección de entre los muertos *, Jesucristo Señor muestro, por quien recibimos la gracia y el apostolado, para predicar la obediencia de la fe a gloria de su nombre entre todos los gentiles, entre los cuales os contáis también vosotros, llamados de Jesucristo, a todos los amados de Dios que estáis en Roma, santos por vocación, a vosotros gracia y paz, de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo (* El Espíritu Santo es el que lo ha vuelto a la vida, constituyéndolo en su glorioso estado de ‘Kyrios’, que merece por nuevo título, el mesiánico, su nombre eterno de ‘Hijo de Dios’. Biblia de Jerusalén ).


Citamos algunos párrafos (en cursiva simple y negrita)- sobre las Epístolas de Pablo- de Álvaro S. Chiara G. en el foro ‘Kimniekan/ ¿Existió Cristo?’:

“En Gálatas 1:18, incluso menciona a Santiago como el ‘hermano del Señor’. ( ) En cuanto a la Cena del Señor de 1 Cor. 11. 23-26, dice: “la misma noche que el Señor Jesús fue traicionado”. ( ) También en 1 Cor. 15:4-6 menciona la muerte, sepultura y la resurrección de Jesús al tercer día, y su aparición a más de 500 hermanos, así como a Santiago y a los demás apóstoles. Al margen de que algunos crean o no en la resurrección, el hecho que Pablo mencione a estos testigos prueba que se refería a un Cristo real, que había vivido terrenalmente (‘como un ser de carne y hueso’)”.
Es evidente que Pablo habla del Jesús histórico ¿En cuál otro ámbito que el temporal, Jesucristo podría estar resucitado para los testigos?

“Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos ¿cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe. Y somos convictos de falsos testigos de Dios porque hemos atestiguado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó si es que los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó vuestra fe es vana:( )” 1 Corintios 15:12-19.

Pablo habla de Jesucristo como hombre de existencia real, muerto y resucitado, y lo identifica con el Hijo de Dios. Se refiere a nuestra resurrección como a la resurrección de Cristo de entre los muertos.


Debemos diferenciar los relatos de ficción de aquellos que tienen intención biográfica o histórica.

Los personajes de las fábulas de Esopo y La Fontaine se refieren a ficciones con animales de carne y hueso que hablan y se comportan como humanamente racionales, en un ámbito de fantasía. Dentro de la ficción se acepta que son animales que razonan como seres humanos.

Los relatos de ficción pueden referirse a personajes que se suponen como los seres de existencia real o solamente como entes de imaginación y aun quiméricos.

Pablo se refiere a Jesús de existencia real humana y lo identifica como Cristo eterno que se le aparece resucitado.

Quien quiera puede dudar de la existencia histórica de Jesús y de que sea Hijo de Dios.

Lo que no tiene sentido es suponer a Pablo escribiendo un relato sobre Jesucristo como si fuera un personaje de ficción. Pablo presenta a Jesús como un hombre de existencia real que es el Hijo de Dios encarnado en este mundo- para nuestra salvación eterna- que murió en la cruz y resucitó.

Obviamente, los ateos y quienes no son cristianos pueden no creerlo, pero Pablo se refiere en sus Epístolas a la realidad natural y sobrenatural. Temporal y eterna.

Lo contundente es que Pablo y todos los apóstoles, en los textos de sus epístolas, no hablan de la salvación de seres pertenecientes a un ámbito mítico sino de la Salvación de nosotros seres humanos que nos encontramos en el tiempo y espacio.

En un libelo publicado en 1999 se replantean, sin ningún esfuerzo adicional, algunas antiguas conjeturas sobre la historicidad de Jesucristo. El autor se complace en afirmar las supuestas falsedades de los evangelios que quedarían probadas por las coincidencias con textos del Antiguo Testamento. Es decir que se vale de ediciones de la Biblia y otros textos sobre las Sagradas Escrituras, como los de la Biblia de Jerusalén, para elegir referencias eruditas sobre la verdad del Evangelio como si fueran pruebas de alguna falsedad. Pretende hacer aparecer como fraude el cumplimiento de lo anunciado por los Profetas. Esta herramienta sofista también es empleada por el dirigente jefe de una asociación atea en EE.UU.

Sobre las profecías del Antiguo Testamento se entiende que, en los relatos evangélicos los autores están atentos a los sucesos que fueron profetizados y es posible alguna diferencia.


(La inspiración divina que creen los cristianos no significa que el escritor o hagiógrafo entre en una especie de trance y que vaya escribiendo de manera mimética o robótica lo que le dicta Dios. Cuando se dice que un escrito está inspirado significa que contiene la verdad revelada dentro del orden de la Salvación, nada más. Álvaro S. Chiara G.).


“En el Evangelio las predicciones de la pasión de Jesucristo han sufrido retoques redaccionales por parte de la comunidad, pero resulta imposible no admitir un núcleo sustancialmente histórico. No está legitimado sostener que todas fueran profecías ex eventu, es decir, formulaciones hechas por la Iglesia primitiva tras los acontecimientos de la pasión y resurrección. Históricamente se puede afirmar que Jesús previó y anunció su pasión y su muerte. El se veía amenazado constantemente y no se le podía ocultar el desenlace de su vida. La predicción más antigua, que se remonta al Jesús histórico, se encuentra en Mc 9,31: "Dios entregará el Hijo del hombre a los hombres". Críticamente analizada muestra la forma típica de hablar de Jesús: el pasivo divino, el carácter misterioso y el juego de palabras <>” (cmfapostolado.org/recursos/pgapostolado/palamisi/html/html3/Tema07.htm).


Los evangelios son relatos de la vida de Jesús y no simples resúmenes de una sabiduría arcana, crónicas triunfales de un personaje, o relatos inventados para hacer las delicias de los lectores. Los evangelios no son, por tanto, fantasías literarias ni novelas históricas ni historia en el sentido científico del término. Son biografías que se concentran en la identidad global del personaje principal, Jesús: se basan en las fuentes a disposición y hacen hablar al protagonista relatando lo que dijo y lo que hizo, y no cayendo en la digresión o los comentarios personales o la descripción de tipo psicológico. (Del teólogo Armand Puig en “Los evangelios. ¿Historia o ficción?”, para “Selecciones del Reader’s Digest”, Diciembre 2006).


“ Los tres primeros libros canónicos que narran la “Buena Noticia” (Evangelio) traída por Jesucristo, pueden ponerse en columnas paralelas presentando tales semejanzas que pueden abarcarse “con una sola mirada”: de ahí su nombre de “Sinópticos”. Mateo escribió en Palestina para judíos convertidos al cristianismo, en “lengua hebrea”, es decir en arameo, luego traducido al griego. Marcos, asistente de Pablo e “intérprete” de Pedro, redactó en griego la catequesis de este último. Lucas escribió en griego un evangelio que podría apoyarse en la autoridad de Pablo.
( ) Es probable una tradición oral común, pero las semejanzas tan numerosas y llamativas, exceden las posibilidades de la memoria, por lo que se acepta una tradición escrita única o múltiple. A la vez los evangelistas se corrigen mutuamente. “Los evangelios no fueron concebidos o inventados de la nada a partir del año 60 ó 70, obviamente existen fuentes anteriores. Las fuentes orales o escritas no han sido determinadas, pero es seguro que existieron. Se conservaron el recuerdo de los dichos y hechos de Jesús el Cristo, a partir de aquellos que lo conocieron y escucharon personalmente (A. S. Chiara G.). ”


( ) La crítica moderna ha formulado la teoría de las Dos Fuentes: una de ellas seria Marcos y de alguna otra fuente también se habrían servido Mateo y Lucas.
( ) El supuesto de la fuente Q (por quelle en alemán) no satisface, al menos tal como se la presenta. El documento que de este modo tratan de restituir recibe de los diversos investigadores formas demasiado diferentes para conseguir una identidad definida o incluso simplemente probable.
( ) Es una ilusión pretender dar al problema sinóptico una solución simple.
( ) De todos modos, el origen apostólico, directo o indirecto, y la génesis literaria de los tres sinópticos justifican su valor histórico, permitiéndonos además apreciar cómo debemos entenderlos. Derivados de una predicación oral que se remonta a los orígenes de una comunidad primitiva, tienen en su base la garantía de testigos oculares. Indudablemente ni los apóstoles ni los demás predicadores y narradores evangélicos trataron de hacer historia en el sentido técnico de esta palabra; su propósito era menos profano y más teológico; hablaron para convertir y edificar, para inculcar e ilustrar la fe, para defenderla contra los adversarios. Pero lo hicieron apoyándose en testimonios verídicos y controlables, exigidos tanto por la probidad de su conciencia como por el afán de no dar pie a refutaciones hostiles. ( ) Y si los tres sinópticos no son “libros de historia” no es menos cierto que no tratan de ofrecer nada que no sea histórico” (Biblia de Jerusalén).


Pablo (aunque contemporáneo absoluto) no encontró a Jesús en Su vida temporal (se le apareció Jesucristo resucitado); Pablo escribe tan de oídas como aquellos evangelistas que no fueron testigos oculares (Pablo directamente de Jesucristo y de testigos; y los redactores de los evangelios definitivos de testigos- con su tradición oral y escrita- y además por “inspiración” divina como la verdad revelada “dentro del orden de la Salvación”).

Hasta ahora conocemos unas pocas evidencias históricas extra bíblicas de Su existencia, y los cristianos contamos principalmente con los evangelios de Marcos, Mateo, Lucas, Juan, Pedro y Pablo, por los que sabemos sobre el Hijo sobrenatural de Dios que para su naturaleza humana se encarnó en María, y que murió y resucitó para salvarnos.

La historia de Jesús es cierta. Varios religiosos (tal como antes de su conversión pensaría Pablo) se sintieron justificados al denunciar a Jesús porque lo vieron como a un blasfemo que pretendía ocupar el lugar de Dios.

Pablo explica que desde la muerte y resurrección de Jesús, todos los apóstoles y otros predicadores-testigos oculares o cuando menos personajes históricos contemporáneos- afirman su vida y estos acontecimientos. Él también desde su milagrosa conversión. Pablo menciona reiteradamente la vida terrenal de Jesús, además de cumplir con su enseñanza teológica y de historia sagrada.


La crítica no reconoce actualmente la autoría de Pablo de ciertas epístolas (como la 2° a Timoteo y la carta a los Hebreos), e incluso existe una que otra cita que según su contexto pueda ser considerada una interpolación (como la de 1° a los tesalonicenses 2:15-16), pero aparte de ello las demás citas son claras y contundentes, y no admiten ninguna duda.
Existen epístolas sobre las cuales no hay la menor duda que sean totalmente de la autoría del apóstol de los gentiles, y de entre ellas se pueden espigar estos datos de Cristo que no nos dejan la menor duda de que se refieran a un ser terrenal:
1.- Nació de mujer bajo la Ley (Ga 4,4).
2.- De la estirpe de David (Rm 1.3).
3.- Tenía hermanos, y uno se llamaba Santiago (1 Co 9,5; Ga 1,19).
4.- De gran dulzura y afectuosidad (1 Co 10,1).
5.- Fue traicionado (1 Co 11,23).
6.- Crucificado por los príncipes del mundo (1 Co 2,8).
7.- Cenó con sus discípulos la víspera de morir (1 Co 11,23-25).
8.- Bendijo el pan y el vino (1 Co 11,23-25).
9.- Fue muerto y sepultado. Resucitó al tercer día (1 Co 15,4).
10.- Se apareció a Cefas, a los 12, a 500 hermanos y a Santiago (1 Co 15,5-8).
A. S. Chiara G.


A estas menciones que hace Pablo sobre la vida temporal de Jesús puede agregarse la comentada de 1 Tesalonicenses.

11.- ( ) habéis sufrido de vuestros compatriotas las mismas cosas que ellos de parte de los judíos; éstos son los que dieron muerte al Señor ( ), (1 Tesalonicenses 2,14-16).

Podemos leer en 1 Tesalonicenses 2,14-16: “Porque vosotros, hermanos, habéis seguido el ejemplo de las Iglesias de Dios que están en Judea, en Cristo Jesús, pues también vosotros habéis sufrido de vuestros compatriotas las mismas cosas que ellos de parte de los judíos; éstos son los que dieron muerte al Señor y a los profetas y los que nos han perseguido a nosotros; no agradan a Dios y son enemigos de todos los hombres, impidiéndonos predicar a los gentiles para que se salven; así van colmando constantemente la medida de sus pecados; pero la Cólera irrumpe sobre ellos con vehemencia.” (Nota de la Biblia de Jerusalén: Pablo solamente se enfrenta con los adversarios de su misión. Recordará a menudo las grandezas del pueblo elegido y no escatimará esfuerzos para estrechar la unidad entre los cristianos venidos de la gentilidad y los nacidos en Israel).
“A propósito de los sufrimientos infligidos a los cristianos de Tesalónica por sus compatriotas, Pablo recuerda que las Iglesias de Judea habían sufrido la misma suerte por parte de los judíos y entonces los acusa de una serie de fechorías: ‘han matado al Señor Jesús y a los profetas, nos han perseguido’; la frase pasa luego del pasado al presente; ‘no agradan a Dios y se oponen a todos los hombres, nos impiden predicar a los gentiles para que se salven’. Por el hecho de que los judíos ponen obstáculos a la predicación cristiana dirigida a los gentiles, dice que ‘se oponen a todos los hombres’ y que ‘no agradan a Dios’. Los judíos del tiempo de Pablo, al oponerse por todos los medios a la predicación cristiana, se muestran también solidarios con aquellos entre sus padres que mataron a los profetas y con aquellos entre sus hermanos que pidieron la condena a muerte de Jesús. Las fórmulas de Pablo colocadas en su contexto, no se refieren más que a los judíos que se oponen a la predicación a los paganos y, por ende, a la salvación de estos últimos. En cuanto cese esta oposición, cesa también la acusación.” (Entre comillas desde Nota de la B. de J., textos de www.libreriaeditricevaticana.com).


El antijudaísmo se apropia de las palabras de Pablo falseándolas con un sentido globalizador, para atribuir la culpabilidad de la muerte de Jesús a todos los judíos sin distinción. Es enorme el sufrimiento que causó la expresión ‘pueblo deicida’. Pablo ama a su pueblo. No deja de sentirse orgulloso de su origen judío (Rom 11,1). Refiriéndose al tiempo que precedió a su conversión, declara: " Yo sobrepasaba en el judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, superándoles en el celo por las tradiciones de mis padres " (Gál 1,14). Ya como apóstol de Cristo, dice aún a propósito de sus rivales: “ ¿Son hebreos? ¡Yo también! ¿Israelitas? ¡Yo también! ¿De la descendencia de Abrahán? ¡Yo también! (2 Cor 11,22)”. Les llama: " mis hermanos, mis parientes según la carne " (Rom 9,3). En su convicción de que el evangelio de Cristo es " una fuerza de Dios, para la salvación de todo creyente, en primer lugar del judío " (Rom 1,16)”.


Pablo había expresado ocasionalmente vigorosas reacciones defensivas. Sobre la oposición de los judíos, había escrito: " De los judíos, he recibido cinco veces cuarenta menos un [golpes] " (cf. Dt 25,3); (poco después anota que ha tenido que hacer frente a peligros que le venían tanto de sus hermanos de raza como de los gentiles) (2 Cor 11,24.26). Recordando estos hechos dolorosos, Pablo no hace ningún comentario. Estaba dispuesto a " participar en los sufrimientos de Cristo " (Flp 3,10). Pero lo que provocaba una reacción más viva de su parte eran los obstáculos puestos por los judíos a su apostolado entre los gentiles. En Primera a los Tesalonicenses (2,14-16), estos versículos son tan contrarios a la actitud habitual de Pablo hacia los judíos que se ha intentado demostrar que no eran de él o atenuar su vigor. Pero la unanimidad de los manuscritos hace imposible su exclusión ( ) vatican.va .


“Finalmente, todos tenemos culpa por la muerte de Jesús Redentor, porque todos somos pecadores.

El conocimiento de Jesús implica nuestra aceptación de sobrenaturaleza y a Dios en su Trinidad. El Evangelio es su evidencia en el tiempo. La culminación de su mensaje es su promesa de vida eterna. Nadie que crea en Jesús puede circunscribir su vida a la enseñanza de una doctrina filosófica o a un conjunto de normas sociales. No se trata de hacer ciencia cristiana interpretando a un filósofo llamado Jesús, que para la Historia no puede ser más que un hombre. Hay quienes parecen no aceptar que Jesucristo, tan difícil de seguir, es tan fácil de entender como lo único que puede significar: ‘que os améis los unos a los otros, como yo os he amado’ (Jn 13,34). Tan fácil de comprender como que pecado es la decisión que finalmente ocasiona el sufrimiento del otro aunque sólo sea por el ejemplo. Los cristianos necesitamos a Jesús como modelo para trascender esta vida ante su final inexorable. Concretamente, sin sobrenaturaleza, la vida carecería de sentido para los cristianos. Algunos proponen la metodología histórica para lograr una mejor lectura de los evangelios incluyendo sus contradicciones. La evangelización no se limita a intentar demostrar con pruebas irrefutables que Jesús caminó este mundo.

¿Dónde quedaría la historia en los relatos milagrosos, las promesas mesiánicas, el Reino de Dios entre nosotros, la Vida Eterna y la gracia y perseverancia para alcanzarla? ¿Cómo reducir a la ciencia que llamamos historia que un hombre, a más de ser Su enviado, es el Hijo unigénito de Dios desde la eternidad? Si el Evangelio es considerado un problema histórico, no lo van a resolver todos los Tácito, Flavio Josefo y pasajes del Talmud que puedan llegar a mencionarse, ni todos los descubrimientos arqueológicos que lleguen a hacerse. Los evangelistas son conscientes de que están narrando Historia Sagrada. No procuran demostrar históricamente la sobrenaturaleza del Evangelio. La consecuencia histórica es la Iglesia, los cristianos” (Mensaje que publicamos (blogdelafe) el 21 de Diciembre de 2006 en Kimniekan).

Hay un error (lo comenta ‘Àlvaro’ en Kimniekan) generalizado entre algunos detractores de la historicidad de Jesucristo. Creen que los Apologistas y los Padres de la Iglesia, para defender sus creencias, debían probar la existencia real de Jesús.

Desde este error, llegan a imaginarlos como historiadores, ocupados en los trabajos de otros historiadores y aun forzados a mencionarlos. Por extensión podría parecer que quienes mantuvieron la doctrina de la Iglesia (para facilitar la exposición del concepto llamémosla Católica) fueron enfrentados por herejes que cuestionaban la existencia real, en el mundo, de Jesús.

No hubo tal cuestionamiento sino que las controversias- desde sus comienzos- se refieren a la naturaleza divina de Jesús, constituyendo las variantes heréticas que finalmente no fueron consideradas dentro de la ortodoxia.

Nadie se dedicó- en esos primeros siglos del cristianismo- a refutar la existencia de Jesús en el mundo. Pero ahora, algunos, para no aceptar la sobrenaturaleza de Jesucristo tampoco aceptan su humanidad.

La Iglesia Católica desde el comienzo del cristianismo tuvo una ortodoxia, una fe verdadera, y tuvo que defenderse de múltiples herejías; las opiniones estaban divididas, había algunos que consideraban a Jesús como el Hijo de Dios y otros no.

Había arrianos, gnósticos, coptos… En esos primeros siglos del cristianismo el problema de la historicidad de Jesucristo era inexistente; aun en el gnosticismo Cristo es supuesto “tomando la apariencia” del hombre. No había ninguna razón para que los cristianos se preocuparan en asegurar una historicidad que estaba probada.

Los verdaderos problemas eran doctrinarios y muchos los peligros y persecuciones.

Como sea, por aquellos años desde los 30’, no puede creerse que en Jerusalén, los que se oponían a los que luego se llamarían cristianos, no proclamaran-de haber sido así- la inexistencia histórica del Jesús presentado como Mesías.

Además de la Iglesia Católica, también en la actualidad todas las confesiones cristianas dan por probada la existencia histórica de Jesucristo.

La existencia de Jesús histórico está probada. podemos considerar fidedignos los núcleos esenciales de los textos correspondientes a Tácito (muy probablemente basado en Plinio el Viejo), Flavio Josefo, Suetonio, otras referencias extra bíblicas más tardías y observar que en el Talmud y en los trabajos de historiadores profesionales- durante siglos- no se niega la presencia histórica de Jesús.


“( ) no es que la cita individual de Tácito o de otro autor pagano demuestre por si sola la historicidad de Jesús. Es la acumulación de todas las referencias tempranas que tenemos sobre Cristo y los cristianos lo que la demuestra sin dejar ningún margen de duda. Pero toda esta discusión sobre los autores romanos en realidad sería ociosa, ya que bastarían las epístolas de Pablo y los Evangelios para dar por sentada Su historicidad y la de la Iglesia, por más que sean documentos que fueron escritos sin propósitos históricos o biográficos, ya que, el historiador puede muy bien determinar la información confiablemente histórica que contengan” (Álvaro Ardite, enero 14 y 15 de 2007).


Los cristianos aceptamos en su totalidad- reconociendo algunas contradicciones- los evangelios. También totalmente las epístolas, algunas de ellas escritas con la colaboración de discípulos según era costumbre y otras con agregados señalados pero teológicamente pertinentes.

La personalidad de Pablo queda ilustrada en “Hechos de los Apóstoles” y en sus epístolas. Al evangelizar, procura superar el consecuente riesgo de ofender convicciones ya arraigadas en su auditorio pagano, por ejemplo tan religioso como culto entre los griegos. Recordemos cuando Pablo debe alejarse de Tesalónica y llega a Atenas (Hechos de los Apóstoles 17,1:15). “Mientras Pablo les esperaba en Atenas, estaba interiormente indignado al ver la ciudad llena de ídolos. Discutía en la sinagoga con los judíos y con los que adoraban a Dios; y diariamente en el ágora con los que por allí se encontraban. Trababan también conversación con él algunos filósofos epicúreos y estoicos. Unos decían: ‘¿Qué querrá decir este charlatán?’ Y otros:

‘Parece ser un predicador de divinidades extranjeras.’ Porque anunciaba a Jesús y la resurrección. Le tomaron y le llevaron al Areópago*; y le dijeron: ‘¿Podemos saber cuál es esa nueva doctrina que tú expones? Pues te oímos decir cosas extrañas y querríamos saber que es lo que significan.’ Todos los atenienses y los forasteros que allí residían en ninguna otra cosa pasaban el tiempo sino en decir u oír la última novedad. Pablo de pie en medio del Areópago, dijo: “Atenienses, veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la divinidad. Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en el que estaba grabada esta inscripción: ‘Al Dios desconocido’ Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar. El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por manos de hombres; ni es servido por manos humanas, como si de algo estuviera necesitado, el que a todos da la vida, el aliento y todas las cosas. Él creó, de un sólo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra fijando los tiempos determinados y los límites del lugar donde habían de habitar, con el fin de que buscasen la divinidad, para ver si a tientas la buscaban y la hallaban; por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros; pues en él vivimos, nos movemos y existimos, como han dicho algunos de vosotros: ‘Porque somos también de su linaje**’.
Si somos, pues, del linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad sea algo semejante al oro, la plata o la piedra, modelados por el arte y el ingenio humano.
Dios, pues, pasando por alto los tiempos de la ignorancia, anuncia ahora a los hombres que todos y en todas partes deben convertirse, porque ha fijado el día en que va a juzgar al mundo según justicia, por el hombre que ha destinado, dando a todos una garantía al resucitarlo de entre los muertos.” Al oír la resurrección de los muertos, unos se burlaron y otros dijeron: ‘Sobre esto ya te oiremos otra vez’ Así salió Pablo de en medio de ellos. Pero algunos hombres se adhirieron a él y creyeron, entre ellos Dionisio Areopagita, una mujer llamada Damaris y algunos otros con ellos.” Hechos de los Apóstoles 17, 16: 34.

(Notas de la Biblia de Jerusalén: *El nombre designa una colina situada al sur del ágora (en la antigüedad griega, plaza rodeada de edificios públicos). También designa el consejo supremo de Atenas que en otro tiempo tenía allí sus sesiones. **Cita sacada de los ‘Fenómenos’ de Arato, poeta originario de Cilicia (siglo III a.C.). ( ) La predicación aduce aquí el hecho de que el hombre había sido creado a imagen y semejanza de Dios, para hacer patente el absurdo del culto a los ídolos.)

Pablo se cuida de no horrorizar con la generación de imágenes burdas sobre la resurrección de los cuerpos. Habla de resurrección gloriosa de los cuerpos. La imagen de resurrección de cadáveres causa el rechazo de los gentiles. En el Nuevo Testamento es evidente que se diferencia la resurrección de cuerpos para la continuidad en la vida temporal, de la que corresponde para el Juicio y la Vida Eterna. Pablo habla de cuerpos espirituales dando por entendida la ausencia de fisiología en el Cielo y que la resurrección de la carne significa la permanencia de la capacidad perceptiva. Hay dos tipos de resurrección: la de los cuerpos para continuar la vida terrenal y la gloriosa para la vida eterna. Siglos después Padres de la Iglesia (san Gregorio de Nisa), explican la resurrección del hombre- para el Juicio- como unidad de cuerpo y alma.

El propósito de Pablo ante los romanos, es que el cristianismo sea aceptado sin desconfianzas. Filón de Alejandría- el respetable judío helenista- había presentado su doctrina sobre “el logos entendido dentro de un marco espiritual, que participa de la razón divina como el hijo primogénito de Dios. Sin embargo en su doctrina, el logos es inferior a Dios, se halla en la frontera que separa la creación de lo creado” (biblioteca.itam.mx/estudios) ). Filón intentó en favor del judaísmo lo que el cristianismo realizaría cuatro siglos más tarde. Pablo iluminado por Jesucristo, encara el camino que llevará a la vigencia de una religión monoteísta- la cristiana- en el imperio romano.


Alrededor del año 107, el obispo cristiano de Antioquia hizo un último y penoso viaje. Bajo escolta militar, Ignacio viajó por tierra desde Antioquia hasta Roma, donde en su brutal arena iba a morir una muerte de mártir. A lo largo del camino escribió a varias comunidades cristianas.
A los Tralianos dijo: "Cierren sus oídos entonces si alguien les predica sin hablar de Jesucristo. Cristo fue del linaje de David. Él era el hijo de María; él verdaderamente nació, comió y bebió, fue realmente perseguido bajo Poncio Pilato, fue realmente crucificado....Él fue también realmente levantado de entre los muertos" (En “¿Acaso no hubo un Jesús histórico?” lo recuerda el militante ateo Earl Doherty).


Jesucristo es Señor de la historia.

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