
Existencia y Dios.
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Marcelo i. m. - Pepa i. m.
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(En todos los párrafos se precisan sus autores y fuentes)
HISTORIADORES -
- Cornelio Tácito: Historiador Romano.
- Suetonio: Historiador Romano.
- Flavio Joséfo (ben Matatias): Historiador Judío.
Para demostrar la historicidad de Cristo, son suficientes las pruebas documentales con testimonios judíos (Josefo, el Talmud con reservas); romanos (Tácito, Plinio el joven) y las más importantes: los Evangelios y las Epístolas (especialmente de Pablo).
Los evangelios contienen muchos datos cronológicos precisos. En Lucas 3: 1-2 se lee como introducción al inicio del ministerio de Jesús: “Era el año quince del gobierno del emperador Tiberio, y Poncio Pilato era gobernador de Judea. Herodes gobernaba en Galilea, su hermano Filipo gobernaba en Iturea y Traconítide, y Lisanias gobernaba en Abilene. Anás y Caifás eran los sumos sacerdotes”. El año quince de Tiberio viene a ser el año 28 o 29 después de Cristo.
Hay muchos más documentos antiguos, que de cualquier otro personaje judío del siglo I, que respaldan la existencia histórica de Jesús. Nadie duda por ejemplo, de la existencia de Judas el Galileo (el rebelde del año 6), solo por el hecho de que sea Josefo el único que lo mencione brevemente (sin contar la referencia en el libro de los Hechos 5: 37).
Según cuenta Armand Puig (un especialista de la Biblia), cuando alguien en la Universidad de Jerusalén quiere explicar el siglo I judío, entre las fuentes existentes de primera mano y contemporáneas de ese siglo se emplean los evangelios canónicos cristianos. Indudablemente se consulta a Flavio Josefo, pero también los evangelios del NT. Sucede que el judaísmo del siglo I tiene poquísimos textos contemporáneos, y esto debido en parte a la gran destrucción sufrida cuando la rebelión del 66-70. Por esta razón, tampoco existen más testimonios extrabíblicos contemporáneos sobre Jesús y los primeros cristianos.
CORNELIO TÁCITO-.
(Aprox. 55 d. J. C.- 120).
Historiador romano; en el año 112 D. C. fue gobernador de Asia (actual Turquía), y yerno de Julio Agrícola que fue gobernador de Bretaña entre los años 80-84 D. C.
Al escribir sobre el reinado de Nerón, Tácito se refiere a la muerte de Cristo y a la existencia de los cristianos en Roma.
No menciona el nombre de Jesús porque usa el término griego Cristo, con el que más se había popularizado Jesús en el ámbito grecolatino. El Cristo que menciona situando su muerte bajo el gobierno de Pilato en Judea, no puede ser otro que el Cristo de los cristianos, Jesús.
Tácito hace una amplia referencia al cristianismo en un fragmento de sus Historias. Annais XV. 44:
“Pero nada del alivio que pudiera provenir del hombre, ninguno de los dones que pudiera impartir el príncipe, ni los muchos sacrificios expiatorios que pudieran ser presentados a los dioses, podrían haber tenido valor para disculpar a Nerón de la infamia que significaba el que se le creyera ser el que había ordenado la conflagración, el incendio de Roma.
Por tanto, para suprimir el rumor, él cargó falsamente a las personas comúnmente llamadas cristianos con la culpa, y los castigó con las más rebuscadas torturas, atrayendo sobre ellos el aborrecimiento de todos por sus iniquidades.
Cristo, el fundador del nombre fue ajusticiado por Poncio Pilato, procurador de Judea en el reino de Tiberio: pero la superstición perniciosa, reprimida por un tiempo, volvió a hacer irrupción, no solamente a través de Judea, donde tuvo su origen este error, sino también por toda la ciudad de Roma.”
Otra traducción interpetra el texto- del libro XV, Cap. 44 - como sigue:
“Nerón buscó un chivo expiatorio e inflingió las más diabólicas torturas a un grupo de personas ya odiadas por la gente debido a sus crímenes. Esta era la secta conocida como cristianos. Su fundador, un Cristus, había sido ejecutado por el procurador Poncio Pilatos en el reinado de Tiberio. Esto frenó la abominable superstición por un tiempo, pero surgió otra vez y se esparció, no únicamente a través de Judea, donde se originó, sino incluso en Roma misma, la gran reserva y tierra labrada para todo tipo de depravación y obscenidad. Aquéllos que confesaban ser cristianos eran arrestados de inmediato, y en su testimonio una gran multitud de personas fueron convictas, no tanto por el cargo de incendio sino de hostilidad ante la raza humana en su totalidad.” (Traducción de D.R. Dudley)
Parece que este testimonio proviene de una fuente documental; no aporta un argot técnico como dicunt o ferunt, que tienda a pensar que transmita noticias aportadas por otros. Su estilo, no laudatorio, sino despreciativo refleja la opinión más común que tenía un romano de la época. Tácito relaciona el cristianismo con Cristo, crucificado por Poncio Pilato, y señala el tiempo del emperador Tiberio (feyrazon.org/DanExtrabib.html).
Al analizar con detenimiento el pasaje de Annales, libro XV, cap. 44, se notará que Tácito tenía un marcado odio y prejuicio contra los cristianos (al igual que contra los judíos, tal como se comprueba al leer otra de sus obras, “Historias”, Libro IV). A los cristianos los acusa de “odiar a la humanidad” (la misma acusación que hace a los judíos) y les atribuye “abominaciones” que no especifica, pero que sin duda es un eco de las leyendas que surgieron en torno a los primeros cristianos sobre prácticas de canibalismo e incesto. Es innegable pues que esta información que Tácito acopia en su obra, la toma de otros autores e informantes paganos o judíos helenizados, todos enemigos del cristianismo y que por ningún motivo pudieron ser informes provenientes de los mismos cristianos. Eso sería un absurdo. De modo que la información sobre Cristo que muere ejecutado bajo la procuraduría de Poncio Pilato (lo cual reduce la fecha a solo un lapso de 10 años, 26-36 d. de C.), es reproducida como cierta por Tácito y no es creíble que la haya tomado de boca de los cristianos.
Tácito, cuando ejerció como procónsul del Asia (actual Turquía), sin duda tuvo causas similares contra los cristianos como las tratadas por Plinio el Joven (en la provincia de Bitinia en la costa sur del Mar Negro). Ambos desempeñaron casi simultáneamente esos cargos públicos en zonas cercanas (Plinio entre los años 111 y 113, y Tácito entre 112 y 117, aproximadamente) y eran amigos. Plinio el Joven, Gobernador de Bitinia en Asia Menor, escribió (112 D. C.) al emperador Trajano pidiéndole consejo respecto de cómo tratar a los cristianos. No menciona detalles como la muerte de Cristo bajo la gobernación de Pilato, así que Tácito no pudo basar su pasaje- de Annales XV: 44- en esa carta.
No aparece posible que Tácito haya tomado los datos de los archivos imperiales, porque los romanos no llevaban un recuento oficial del gran número de crucifixiones que perpetraban a lo largo del imperio.
Seguramente se basa en otras obras históricas ya perdidas, como las de Plinio el Viejo (aprox. 23 d. J. C.- 79, naturalista y escritor latino, tío de Plinio el Joven); no se descarta también la posibilidad que haya leído a Flavio Josefo, quien como ya es sabido, no era cristiano ni simpatizante de los cristianos (el Testimonium Flavianum merece por cierto un análisis minucioso). Plinio el Viejo estuvo en Palestina durante la guerra del 66-70 y sus obras históricas son la fuente predilecta de Tácito, quien lo menciona explícitamente más veces que a cualquier otro autor.
En los Annales existen varias citas de la obra de Plinio el Viejo (era un gran polígrafo y escribió muchas obras), aunque sin mencionar sus títulos. Asi lo sostiene D. Rops, autor de “Jesús en su tiempo” (1960) "¿Por qué los contemporáneos no dijeron nada de Jesús?" y “Las fuentes de la vida de Jesús” (1963).
Examinando el libro XIII 20 y el libro XVI 53, por el contexto (reinado de Nerón), es indudable que Tácito se refiere a la Historia de su Tiempo- en 31 libros- obra donde Plinio relata sucesos del reinado de Nerón hasta Vespasiano. Esta obra se ha perdido, al igual que el resto de sus escritos, con excepción de su “Historia Natural” que Tácito menciona en sus Annales.
Tácito usa como fuentes las obras de otros autores latinos y griegos, además de memorias de algunos emperadores, biografías, etc. Se vale también de testimonios de testigos presenciales (obviamente para los sucesos inmediatos a su época); es probable que no revisara los archivos imperiales, por lo difícil que era su acceso. Incurre en algunos errores mínimos, como el de llamar a Pilato Procurador y no Prefecto. En 1961, un arqueólogo italiano llamado Antonio Frova descubrió un fragmento de una placa que fue usada para una sección de escaleras que conducían al teatro de Cesarea. La inscripción, escrita en latín, contenía la frase "Poncio Pilato, Prefecto de Judea, ha dedicado al pueblo de Cesarea un templo en honor de Tiberio".
Se ha determinado que Pilato fue el último gobernador de Judea que usó el título de Prefecto, y que sus sucesores usaron el de Procurador, de modo que quizás por costumbre Tácito aplicó ese título a Pilato (en sus obras históricas menciona a algunos procuradores posteriores a Pilato, como a Fèlix, que es también mencionado en el Libro de Hechos de los apóstoles). Este error de Tácito es similar a aquel en que incurre Josefo cuando en un pasaje de las Antigüedades generaliza y llama a todos los gobernadores romanos de Judea “procuradores”. No es porque Josefo ignore los títulos sino que lo hace por comodidad. No corresponde otorgar mayor trascendencia al error de Tácito.
Tácito cuando se refiere al reinado de Tiberio, no menciona todas las revueltas judías que Josefo menciona bajo la prefectura de Pilato. El hecho que Tácito no mencione esos episodios no significa que la historia de Josefo sea falsa. Simplemente solo menciona los hechos que considera relevantes, por eso su testimonio de Cristo que muere crucificado bajo Pilato es una prueba contundente de la historicidad de Jesús.
Hay que tener presente que una gran parte de las obras históricas y documentos de los escritores del siglo I se han perdido. Lo cierto es que ha llegado hasta nosotros una parte mínima de ellos; el resto se perdió debido a los estragos del tiempo o del hombre mismo.
En sus inicios el cristianismo era solo una pequeña secta marginal del despreciado judaísmo, circunscrito a Judea (en el NT solo se registran dos salidas de Jesús fuera del territorio judío, la primera cuando aún niño viaja a Egipto, y la segunda cuando ya adulto llega a predicar a Tiro y Sidón). Estas circunstancias hacen comprensible el “silencio” de los escritores de esa época. En ese tiempo es lógica esa falta de interés sobre un predicador de cuna humilde execrado por las autoridades sacerdotales y políticas de su país, alguien que no tenía intenciones políticas y que nunca significó un peligro potencial para las autoridades romanas ni movilizó ejércitos en su contra, un hombre que fue crucificado como un vil criminal (la forma más humillante de morir en ese entonces). Un predicador así tan oscuro y marginal no cautivaba la atención de los historiadores latinos, griegos y persas para que lo mencionasen y le dedicasen espacio en sus escritos. Para todos los griegos y latinos, el resto del mundo eran "bárbaros"; a no ser que alguno de esos sabios "bárbaros" visitara Grecia y Roma y asimilara su cultura.
Durante la época en que el cristianismo estuvo perseguido y fuera de la ley, fue prohibida toda mención escrita sobre Cristo y los cristianos. Los romanos aplicaban un castigo llamado “damnatio memoriae” o maldición de su memoria, sobre individuos cuya memoria era aborrecida, como ocurrió en su momento con los emperadores Nerón y Domiciano. Consistía en borrar toda mención del nombre de la víctima, tanto de los anales oficiales como de los monumentos (estelas, placas recordatorias, etc.) amén de la destrucción de sus estatuas y todo tipo de recordatorio. Ello explicaría en parte la escasez de información arqueológica y documental sobre Cristo en los primeros tiempos del cristianismo.
Las copias más antiguas que se conservan de los Annales son de la Edad Media. Debe tenerse en cuenta que no solo esa obra, sino prácticamente todos los clásicos de la antigüedad se conservan por intermedio de copias realizadas en el medioevo.
Sobre los códices de la obra histórica de Tácito (Annales e Historias), los manuscritos más antiguos son dos y se conservan hoy en la Biblioteca Laurentiana de Florencia: el llamado Mediceus I del siglo IX (6 primeros libros de Annales) y el Mediceus alter o II del siglo XI (libros 11 al 16 de Annales e Historias).
Que los Annales no haya sido una obra mencionada a lo largo de mil años, se entiende porque no gozó siempre de la misma fama que ahora tiene. Los apologistas cristianos no veían como digno de ser tomado en cuenta este pasaje minúsculo de Tácito sobre Cristo, que mencionaba cosas muy básicas como la sentencia a muerte por Pilato bajo Tiberio. Tácito era particularmente detestado por los escritores cristianos de esos siglos y por tanto imposible que lo citaran. Los autores cristianos de los siglos II al IV no lo mencionan por la animadversión que sentían hacia Tácito por su ideología ferozmente anticristiana. Anticristianismo notorio que se comprueba al leer sus comentarios acerca de los cristianos. Ese relato de Tácito es un ataque a los cristianos a quienes acusa de “practicar abominaciones” y de “odio a la humanidad”.
En el siglo III la obra tacitiana fue olvidada. Luego en el siglo IV algunos autores la redescubrieron y trataron de imitarla, como Amiano Marcelino, Sulpicio Severo y Orosio (Crescente López de Juan). Mientras que Sulpicio Severo copió pasajes de Annales de Tácito, prácticamente ninguno de sus contemporáneos lo menciona. No se encuentran más menciones sobre Tácito hasta el siglo IX cuando es citado por un monje de Fulda, llamado Rudolf. Será en el Renacimiento cuando el conocimiento de Tácito se generalizará, ayudando a ello su difusión impresa (la imprenta se inventó en el siglo XV). Hasta entonces los ejemplares- escritos a mano- eran escasísimos y difícilmente llegaban a todos los interesados.
Tácito ha sido verificado en cuanto al relato del incendio de Roma, que también es aludido por otro historiador romano, Suetonio. Para referirse a habladurías o comentarios anónimos, Tácito suele utilizar una expresión técnica que traducida del latín se lee como “rumores” o “fama”. En el caso de lo dicho sobre Cristo y su muerte, al no usar alguna de esas expresiones, se deduce que obtuvo informaciòn de un documento de segunda mano (es decir de otro historiador).
Está determinado (confesión de parte incluida), que la mayor parte de la información que acopia en su obra procede de las obras de otros historiadores o de memorias de personajes. Se entiende que no mencione la fuente de donde tomó las precisiones sobre Cristo, pues no era esa su costumbre ni la de sus colegas contemporáneos (a diferencia de un historiador moderno, quien siempre debe mencionar sus fuentes).
Solo en algunos contados episodios de los Annales, Tácito menciona su fuente, por ejemplo: la “Germania” de Plinio el Viejo, obra ya perdida, y las “Memorias” de Agripina la Menor, igualmente perdida. Estas menciones solo las hace cuando está en desacuerdo con dichas fuentes o cuando quiere demostrar que sobre un determinado juicio histórico hay posiciones disímiles. Tácito tendría sobrado motivo para no dudar respecto a la información que dispone sobre Cristo, y por lo tanto no cita la fuente.
Tàcito concretamente escribe que Cristo fue un judío ajusticiado por malhechor bajo el gobierno del gobernador Poncio Pilato. Fue autor de un nuevo movimiento religioso nacido en Judea, cuyos seguidores se llamaban, en referencia al nombre del fundador "cristianos" y eran ya conocidos en Roma durante el reinado de Nerón.
Bibliografía: existe una buena traducción al castellano de los Annales: “Cornelio Tácito: Anales”. Traducción, prólogo y notas de Crescente López de Juan. Libro de Bolsillo. Alianza Editorial, S. A. Madrid 1993. En el prólogo se explica las fuentes, la lengua, el estilo, y el valor histórico de esta obra. Texto anterior de “Historiadores”- en negrita cursiva- de Álvaro Arditi S. Chiara G.
PLINIO EL JOVEN.-
(61 ò 62 d. J. C.- aprox. 114). Sobrino de Plinio el Viejo. Abogado y escritor latino, autor de “Epístolas”, importante documento sobre su época.
Hacia el año 112, Plinio el Joven, legado imperial en las provincias de Bitinia y del Ponto (situadas en la actual Turquía) escribió una carta al emperador Trajano para preguntarle qué debía hacer con los cristianos, a muchos de los cuales había mandado ejecutar. En esa carta menciona tres veces a Cristo a propósito de los cristianos. En la tercera oportunidad dice que los cristianos "afirmaban que toda su culpa y error consistía en reunirse en un día fijo antes del alba y cantar a coros alternativos un himno a Cristo como a un dios" (Daniel Iglesias Grézes en un resumen de un escrito inédito del Pbro. Dr. Miguel Barriola).
Eran tantos los que sufrían la muerte que él se preguntaba si debería continuar matando a todo el que se revelase como cristiano, o si debería matar solamente a algunos. Explicó que había hecho que los cristianos se inclinasen ante las estatuas de Trajano. En la misma carta prosigue contando de la gente sometida a juicio que:
“Afirmaban, sin embargo, que toda su culpa, o error, consistía en que tenían el hábito de reunirse en cierto día fijo antes de que amaneciera, y que allí cantaban en versos alternados un himno a Cristo como a un Dios, y que se sometían a un juramento solemne, y no a hechos malvados de ninguna clase, sino mas bien a nunca cometer fraude, robo, adulterio, a nunca falsear su palabra, ni a negar algo que se les hubiera confiado cuando fueran llamados a dar cuenta de ello. Epístolas X. 96” (Lic. Eduardo Cruz en foro Kimniekan: ¿Existiò Cristo?).
“Esta carta que nos informa sobre los cristianos del Asia Menor de principios del siglo II es un testimonio valiosísimo sobre la expansión del movimiento cristiano en esa temprana época. Si bien no es una información directa sobre Cristo, sin embargo Plinio no duda de su existencia; no desvincula el cristianismo de la creencia en Cristo como un personaje histórico. Considera a Cristo como un hombre pero al que los cristianos le rinden un culto divino o semidivino. La alusión a Cristo adorado como Dios tiene valor para demostrar la antigüedad de esta convicción cristiana.” Álvaro Arditi S. Chiara G.
TITO FLAVIO JOSEFO.-
(Aprox. 37 d. J. C. – 100)
Historiador Judío Fariseo. Fue comandante de las fuerzas judías en Galilea. Después de ser capturado, fue anexado al cuartel general de los romanos. Como protegido de los emperadores flavios-el último de los cuales, Domiciano, desencadenó otra persecución contra los cristianos-Josefo evitaría referirse extensamente a estos.
Muy probablemente los pasajes donde habla sobre Jesús fueron retocados, mas no interpolados totalmente (Álvaro Arditi S. Chiara G.).
El historiador judío Tito Flavio Josefo, del siglo I, se refirió a Jesús en dos pasajes de sus Antiquitates judaicae. El primero de ellos es el llamado Testimonium Flavianum.
El texto de Antigüedades XVIII.33, 63-64 escrito en el 94/95 d.C., recibido dice lo siguiente: "Por aquel tiempo existió un hombre sabio, llamado Jesús, si es lícito llamarlo hombre; porque realizó grandes milagros y fue maestro de aquellos hombres que aceptan con placer la verdad. Atrajo a muchos judíos y muchos gentiles. Era el Cristo. Delatado por los príncipes responsables de entre los nuestros, Pilato lo condenó a la crucifixión. Aquellos que antes lo habían amado no dejaron de hacerlo, porque se les apareció al tercer día de nuevo vivo: los profetas habían anunciado éste y mil otros hechos maravillosos acerca de él. Desde entonces hasta la actualidad existe la agrupación de los cristianos que de él toma nombre." (Daniel Iglesias Grèzes, como resumen de un escrito inédito del Pbro. Dr. Miguel Barriola).
El texto ha sido muy estudiado y hoy se acepta que contiene indudables interpolaciones cristianas; pero la misma crítica, aun la más seria y radical, afirma que contiene un núcleo histórico que procede del mismo Flavio Josefo. feyrazon.org/DanExtrabib.html
“La afirmación de que Jesús era un «hombre sabio» es josefina. La expresión, tiene paralelos en el mismo Josefo (Ant. XVIII, 2,7; X, 11,2). Resulta auténtico el relato de la muerte de Jesús. Se menciona la responsabilidad de los saduceos en la misma —un argumento exculpatorio común en autores judíos hasta el siglo actual— y se descarga la culpa inherente a la orden de ejecución sobre Pilato, algo que ningún evangelista estaría dispuesto a afirmar de forma tan tajante, pero que sería lógico en un fariseo y más si no simpatizaba con los cristianos y se sentía inclinado a presentarlos desfavorablemente ante un público romano.
La referencia a los saduceos como «los primeros entre nosotros» encaja perfectamente con el estilo del Josefo de las Antigüedades en discrepancia con el de la Guerra de los Judíos, que nunca emplea el pronombre de primera persona.
La referencia a los cristianos como « tribu » (algo no necesariamente peyorativo) también armoniza con las expresiones josefinas (Guerra III, 8, 3; VII, 8, 6) aunque habría sido descartado ciertamente por un interpolador cristiano.
Resumiendo: se puede afirmar que resulta muy posible que Josefo incluyera en las Antigüedades una referencia a Jesús como un «hombre sabio», cuya muerte, instada por los saduceos, fue ejecutada por Pilato, y cuyos seguidores seguían existiendo hasta la fecha en que Josefo escribía.
Josefo parece obligado a hacer una referencia a las pretensiones mesiánicas de Jesús, para explicar que a sus seguidores se les denomina «cristianos».
CONCLUSIÓN: El cuadro acerca de Jesús que Josefo reflejó originariamente pudo ser muy similar al que señalamos a continuación:
Jesús era un hombre sabio, que atrajo en pos de si a mucha gente, si bien la misma estaba guiada más por un gusto hacia lo novedoso (o espectacular) que por una disposición profunda hacia la verdad. Se decía que era el Mesías y, presumiblemente por ello, los miembros de la clase sacerdotal decidieron deshacerse de él entregándolo a Pilato, que lo crucificó. Ahora bien, el movimiento no terminó ahí, porque los seguidores del ejecutado, llamados cristianos en virtud de las pretensiones mesiánicas de su maestro, dijeron que se les había aparecido. De hecho, en el año 62, un hermano de Jesús, llamado Santiago, fue ejecutado por Anano, si bien, en esta ocasión, la muerte no contó con el apoyo de los ocupantes sino que tuvo lugar aprovechando de un vacío de poder romano en la región. Tampoco esta muerte había conseguido acabar con el movimiento. Cuando Josefo escribía, existían seguidores de Jesús” (D. César Vidal Manzanares).
Josefo refiriéndose a Santiago “el hermano de Jesús”, en Antigüedades XX 9:1 describe las acciones del sumo sacerdote Ananus: “Pero el más joven Ananus, que como dijimos recibió el sumo sacerdocio, era de disposición atrevida y excepcionalmente osado, siguió el partido de los Saduceos, que son los más severos en el juicio entre todos los judíos, como ya lo hemos demostrado. Como Ananus fuese de tal disposición, pensó que ahora tenía una buena oportunidad, como Festo estaba ahora muerto, y Albino estaba todavía en camino; así que reunió un concilio de jueces, y trajo ante éste al hermano de Jesús el así llamado Cristo, cuyo nombre era Jacobo (Sanct’ Iagus, San Jacobo) junto con algunos otros, y habiéndoles acusado de infractores de la ley, los entregó para que fuesen apedreados.”
“El hecho de que Josefo hablara en Antigüedades XX 9:1, de Santiago como 'hermano de Jesús llamado Mesías', una referencia tan magra y neutral que no podría haber surgido de un interpolador cristiano, hace pensar que había hecho referencia a Jesús previamente. Esa referencia anterior acerca de Jesús sería la de Antigüedades XVIII 33.
Esta última cita, es prueba de que existió esa cita anterior más extensa sobre Jesús (la del texto retocado). Cuando Josefo menciona a Jesús como hermano de Jacobo, no da más detalles sobre él, lo cual sería inconcebible en un historiador, pues los lectores se quedarían intrigados sobre la relevancia de ese tal Jesús para que sea citado de ese modo. De modo que está justificada la existencia del pasaje más extenso que explicaba previamente sobre Jesús, aunque nos ha llegado modificado. Sin duda no diría que Jesùs era el Mesías pues está bien determinado que Josefo no fue cristiano.
Hay unanimidad hoy en día en negar la conversión de Josefo, como lo hizo Orígenes en 'Contra Celso I, 47; Comentario sobre Mateo X, 17'. No hay posibilidad de que Josefo creyera en Jesús como Mesías. Por ello, el pasaje tal como nos ha llegado, no pudo salir de su pluma. Seguramente fue una nota injuriosa (Schürer, 1987) que resultó suprimida y/o retocada por un copista cristiano ofendido por la misma" (D. César Vidal).
“Josefo menciona también a muchos personajes del Nuevo Testamento como Pilato, los Herodes, Juan el Bautista, Jacobo (Santiago) el hermano de Jesús, Anás y Caifás, y si bien esto no prueba directamente la historicidad de Cristo, sí prueba la confiabilidad histórica del relato neotestamentario. Josefo solo relata hechos judíos o que tuvieran como actores a judíos importantes y no menciona algunos episodios del reinado de Nerón (como la persecución contra los cristianos en Roma). Además según él, en su época todo el mundo conocía muy bien esos hechos. Josefo se cuidaba de mencionar a los cristianos, ya en su mayorìa de origen gentil, cuando Domiciano inició otra persecución. Los seguidores de Cristo se hacían llamar “cristianos” (según Hechos de los Apóstoles, por lo menos desde el 40 d. de C. en Antioquía).” Álvaro Arditi S. Chiara G.
SUETONIO.-
(Fines del S. I – S. II, probablemente 75-160).
Gayo Suetonio Tranquilo, historiador latino, escribió acerca de los cristianos (o más bien en contra de ellos). Como oficial de la corte en tiempos de Adriano, fue escritor de los anales de la Casa Imperial.
Hacia el año 120 escribió una obra llamada "Sobre la vida de los Césares". En el libro dedicado al emperador Claudio (años 41-54 d. J. C.), Suetonio escribe que Claudio "expulsó de Roma a los judíos, que provocaban alborotos continuamente a instigación de Cresto". La expulsión de los judíos de Roma por orden de Claudio se menciona también en los Hechos de los Apóstoles (18,2). Si bien Suetonio no menciona a Cristo (o al menos a Jesucristo, ya que el Crestos que menciona es muy improbable que se trate del Cristo de los cristianos), al menos su referencia sobre los cristianos bajo el reinado de Nerón (30 años después de la crucifixión de Cristo) prueba que el movimiento cristiano ya se había extendido por entonces hasta la capital del imperio. (Daniel Iglesias Grèzes, en un resumen de un escrito del Pbro. Dr. Miguel Barriola).
“Judaeos, impulsore Chresto, assidue tumultuantes (Claudius) Roma expulit" (Claudio, xxv). Que traducido al castellano diría: “los judíos, instigados por Chresto, ocasionaron tumultos en Roma siendo expulsados por Claudio.
La alusión en el libro “Vida de Claudio” 25.4, es muy ambigua al no poderse determinar quien era en realidad el tal Chresto (mientras que la cita de Tácito es muy clara y con detalles). También escribió: “El castigo ordenado por Nerón recayó sobre los cristianos, una clase de hombres entregados a una superstición nueva y perjudicial” (‘Vidas de los césares’ 26.2).
Suetonio relata el incendio de Roma. No menciona a los cristianos relacionándolos con el incendio, pero sí situándolos bajo el reinado de Nerón. “Se persiguió bajo pena de muerte a los cristianos, secta de hombres que seguían una superstición moderna y maléfica” (Nerón, XVI).
En esa época había muchos “Cristos” judíos, tal como cuenta Josefo en su obra, pero la actuación de aquellos falsos mesías se reducía solo a Judea y- según Josefo- tenían mayormente connotación política. No hay constancia de movimientos judíos mesiánicos- ajenos al cristianismo- que actuaran a lo largo del imperio. En la época en que los cristianos eran perseguidos por Nerón, estalló la rebelión judía del 66-70, con toda la secuela antijudía que trajo ese suceso y las medidas que se implantaron para evitar otra rebelión de esa magnitud” (Álvaro Arditi S. Chiara G.).
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