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Existencia y Dios.
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Marcelo i. m. - Pepa i. m.
(Los párrafos que no corresponden a la autoría de blogdelafe son señalados precisando sus fuentes)
CUESTIONAMIENTOS –.
(Sobre los temas comprendidos bajo este título, recomendamos consultar, los libros y artículos de los que son autores el Presbítero Dr. Miguel Barriola y el Ingeniero Daniel Iglesias Grézes principalmente en feyrazon.org/DanExtrabib.html).
Frecuentemente enfrentamos argumentos análogos al siguiente con el que se pretende refutar el dogma de la Santísima Trinidad:
“Jesús dijo, ‘pero de ese día y hora nadie sabe, ni aún los ángeles del cielo, sino el Padre solamente’ (Mateo 24:36). Si Jesús y el Espíritu Santo, son inferiores al Padre en conocimiento, queda demostrado en palabras de Jesús que solamente el Padre es Dios, que ni Jesús ni el Espíritu Santo son iguales al Padre.”
Los cristianos sabemos que, el Hijo desde la eternidad, se humana en Jesús y que el Espíritu Santo es Dios mismo como el Amor infinito del Padre y del Hijo.
En su texto sobre el Reino de Dios, Juan Luis Lorda se refiere a Hechos 1, 3-8.
En 1, 6 - que reanuda el hilo del relato interrumpido en Lucas 24, 49 - los discípulos le preguntan a Jesús cuándo va a restablecer el Reino.
En Mateo 24, 14- dice Jesús al responder a una pregunta formulada cuando sale del Templo: “Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin” (Nota de la Biblia de Jerusalén: es decir el mundo greco-romano. Es preciso que, antes del castigo de Israel, todos los judíos del Imperio hayan oído la Buena Nueva. ( ) El Evangelio llegó efectivamente a todas las partes vitales del Imperio romano antes del 70 y la caída de Jerusalén.)
Dice Jesús en-Mt. 24, 36- “Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre” (Nota de la Biblia de Jerusalén: Cristo, en cuanto hombre, recibió del Padre el conocimiento de todo lo que interesaba a su misión, pero pudo ignorar algunos puntos del plan divino tal como aquí lo afirma formalmente).
Se rechaza la duda sin omitir por escrúpulo teológico la afirmación “ni el Hijo”.
Es que Jesucristo tiene realmente dos naturalezas. La humana además de la divina.
El Hijo no representa ninguna ficción, como hombre está humanado en todo sentido excepto por el condicionamiento del pecado.
En el cuerpo de Jesús, al engendrarlo en María Virgen, Dios infunde el alma; y en ese mismo instante, el Verbo se une a ese cuerpo y alma.
El Hijo es una sola persona con dos naturalezas reales y completas, humana y divina, sin mezcla ni confusión, sin división ni separación (Concilio de Calcedonia, año 451).
Su Pasión es conmovedora y dolorosamente humana aun siendo Dios.
Continúa la pretendida refutación:
“Jesús dijo: ‘el Señor, nuestro Dios, es el único Señor’ (Marcos 12:29). Jesús mismo dice que Dios es uno. Jesús no dijo somos uno en tres o tres en uno.”
La Santísima Trinidad es el único Dios.
Dios en la Persona del Padre, Dios en la Persona del Hijo y Dios en la Persona del Espíritu Santo. El único Dios es la Santísima Trinidad.
A la pregunta “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” (Marcos 12, 28), Jesús contesta: “El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’*. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo**. No existe otro mandamiento mayor que éstos.”
(Notas de la Biblia de Jerusalén: *El monoteísmo es tan intransigente en el Nuevo Testamento como en el Judaísmo. Aquí se apoya, en labios de Jesús, en el Semá - ‘Escucha’ - oración que sigue siendo una de las preferidas de la piedad judía; Deuteronomio 6, 4-5. **Levítico 19, 18).
Leemos en 2 Corintios 13,13: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros.”
“En el final de la Segunda Epístola a los Corintios san Pablo dirige este solemne saludo, situando en un mismo nivel (dentro de la realidad de Dios) los dones de las tres personas divinas: Dios (el Padre), el Señor Jesucristo (Dios Hijo) y el Espíritu Santo. Esta hermosa oración a la Trinidad es rezada en cada Santa Misa por el celebrante” (Extraído de ‘Diálogo sobre la Santísima Trinidad’, por Daniel Iglesias Grézes).
Agrega la línea argumental del cuestionamiento:
“En distintas ocasiones a lo largo de las narraciones de los evangelios, Jesús dio gracias a Dios (por ejemplo, en la alimentación de la multitud) lo cual indica la subordinación de Jesús para con Dios y refuta así, por el propio Jesús su similitud u asociación en la Majestuosidad Única y Exclusiva de Dios.”
Es propio del amor del Hijo con el Padre, en su naturaleza humana.
En Dios Trino, las Tres Personas son consustanciales.
El dogma de la Santísima Trinidad es presentado con firmeza por los Padres de la Iglesia- desde su primer siglo- y en varios Concilios.
El Hijo posee también naturaleza humana, como Salvador y Señor de la historia.
San Máximo el Confesor demuestra con elocuencia la existencia de las dos naturalezas, divina y humana, en Cristo. Afrontó el martirio por sus convicciones.
En estas lecturas y notas puede leerse, más adelante, “Santísima Trinidad”, con el texto de Daniel Iglesias Grézes extractado del sitio .feyrazon.org, con una síntesis de los fundamentos doctrinarios de este dogma.
En la misma nota también se encuentran comentarios sobre las dos naturalezas - por lo tanto las dos inteligencias- que posee Jesucristo, que reina glorificado en el abrazo del Padre- en cuerpo y alma- como verdadero hombre resucitado y verdadero Dios.
A continuación transcribimos un extracto del texto de “Lecturas y Notas I” (de blogdelafe) sobre la Trinidad necesaria en Dios Único:
Santísima Trinidad.
‘Dios, sólo en cuanto Trinidad, puede ser amor’
(Joseph Ratzinger en Escatología. Muerte y vida eterna).
San Pablo en su discurso en el Areópago (colina cerca de los edificios públicos, o quizá el consejo supremo de Atenas), dice: “Atenienses veo que vosotros sois, por todos los conceptos los más respetuosos de la divinidad. Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en el que estaba grabada esta inscripción: Al Dios desconocido. Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar. El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por manos de hombres; ni es servido por manos humanas, como si de algo estuviera necesitado, el que a todos da la vida, el aliento y todas las cosas. Él creó, de un solo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra fijando los tiempos determinados y los límites del lugar donde habían de habitar, con el fin de que buscasen la divinidad, para ver si a tientas la buscaban y la hallaban; por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros; pues en él vivimos, nos movemos y existimos, como han dicho algunos de vosotros ( )’ (Hechos, 17: 23- 28).”
Pablo, en todo el discurso hace varias referencias a la naturaleza divina y enseña que existimos en Dios.
En la Epístola a los Colosenses 1:2, nos dice: “Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia, a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad”.En Hechos de los Apóstoles 20:28, Pablo al despedirse de los presbíteros de Éfeso, dice:”Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios, que él se adquirió con la sangre de su propio hijo”.
En Mateo 28:19 dice Jesús: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
En la Primera Epístola de Pablo a los Corintios leemos en 12:6: “(Hay) diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios que obra todo en todos”.
La Naturaleza Divina es singular, existe una única increada que corresponde a Tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo consustanciados en la naturaleza divina que es Dios.
Únicamente en la persona del Hijo hay dos voluntades, la de su naturaleza divina y la de su naturaleza humana. “La voluntad es función de la naturaleza” (San Máximo El Confesor).
La naturaleza humana finita de Jesús (Nicolás de Cusa) explica como sufre antropologías. Éstas son imposibles en Su naturaleza divina infinita. Tiene sufrimientos físicos y morales en su Pasión porque el Hijo es Cristo humanado.
Un Dios sin la Persona del Hijo, sin la Persona del Espíritu Santo, sería el dios arquitecto- que suponen los deístas- falto de amor y no necesariamente interesado en el destino de su creación.
“Sería el dios gnóstico, con un universo creado sin motivos y sin escrúpulos, idea que resulta tan apreciada por nihilistas y existencialistas en su pesimismo” (Flavia Costa en su comentario sobre el trabajo de Hans Jonas titulado “La Religión Gnóstica”, Ed. Siruela).
Dios por sí mismo es la existencia forzosa de sus tres personas y cada Persona es consustancialmente todopoderosa y amorosa en Dios Trino.
El único Dios posible es en su Trinidad.
Es tan obstinado el odio temporal contra el cristianismo, que muchos de sus detractores se despliegan en grupos de ataque que van desde, la difamación contra la Sagrada Familia acusando de adulterio a María o fantaseando algún matrimonio con reyezuelos en distintas narraciones falsas con diferentes argumentos y protagonistas; hasta la aseveración de que Jesús aprendió técnicas secretas sobre procedimientos de resurrección en algunas comunidades judías y artes mágicas en Egipto. Varias infamias literarias atribuyen a Jesús distintas amantes y aun un linaje presente en la historia actual. Para algunos detractores Jesús “se apropió” de principios como el de amar a Dios y al prójimo, que “no son originales” porque fueron proclamados con anterioridad en Egipto y la India. Dan como probables sus viajes a la India y dicen que muchas de sus enseñanzas tienen una marcada influencia hindú, en especial de los Upanishad.
Relatos malignos logran dañar a personas moralmente débiles o inmaduras. El jefe de una asociación de ateos en EE.UU. lamenta no conocer otros detalles “picantes” del evangelio según san Marcos, al mencionar a un joven (seguramente Marcos) cubierto sólo por un lienzo- que deja para escapar desnudo- durante el apresamiento de Jesús.
Otros muestran la falta de coincidencia plena entre evangelios en algunos de los relatos sobre los mismos acontecimientos, acompañando esta actividad con la enumeración detallada de cuanto acto criminal pueda sospecharse o imputarse a sacerdotes y fieles cristianos. Creen poder señalar que en los evangelios hay discrepancias en los relatos sobre el hombre que predica el amor pero se comporta a veces muy poco afectuoso, ‘llegando a ser cruel con su madre y dejándose dominar por la ira con los mercaderes del Templo y maldiciendo a sus enemigos’. Tratan de distorsionar que Jesús ha llegado para cumplir su misión y que va haciéndolo saber cuando es necesario. Tratan de confundir o ignoran que las prevenciones de Jesús son sobre su Juicio ineludible y que nuestros pecados graves no pueden ser redimidos con sanciones temporales que preferiríamos.
Incurren en verdaderas simplezas atribuyendo a Jesús acciones violentas cuando aplica ejemplarmente la razón y justicia- en un caso excepcional- a sacrílegos duros de corazón. El Evangelio nos permite saber que Jesús desbalancea el equilibrio- que podría atraparnos- entre el bien y el mal propios de nuestra naturaleza humana en el mundo. Es nuestro Salvador quien nos ordena “que os améis los unos a los otros, como yo os he amado” (Jn 13,34), y “Amad a vuestros enemigos” (Mt 5,44). “Pero yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente. Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que les aman. Si hacéis bien a los que os lo hacen a vosotros, ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin pedir nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos. Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo” (Lc 6, 27:36).
La Palabra de Dios es Dios Hijo. El Verbo encarna en Jesús quien es y refiere la Palabra de Dios.
Jesús, en el ejemplo supremo de amor altruista con su Pasión, se hace cargo de todos nuestros pecados para redimirnos definitivamente.
Para los anticristianos, la “historia” resulta ser cualquier inmundicia. Reconocen a Jesús en la Historia para difamarlo. Los anticristianos siempre encontrarán pretextos intentando justificarse.
Por supuesto que hay estudiosos serios a quienes les resultan insuficientes o dudosas las referencias históricas durante el siglo I y que tampoco aceptan como testimonios confiables los evangelios y epístolas del Nuevo Testamento. Esta es una decisión intelectual libre como puede ser la del ateísmo o la de cuestionar la divinidad de Jesús.
Los críticos de las Sagradas Escrituras cuestionan la credibilidad de sucesos extraordinarios o sobrenaturales - narrados en el Antiguo y el Nuevo Testamento- y que disposiciones de características violentas y aun aparentemente injustas y crueles puedan ser originadas por un ser de naturaleza eventualmente suprema a quien otros llaman Dios.
“La Biblia nos presenta el mensaje de salvación que Dios ha querido comunicarnos. En ella encontramos verdades de fe, acontecimientos históricos relacionados con la salvación, promesas de Dios y sus exigencias morales, que nos muestra las obras realizadas por Dios para llevar a los seres humanos a la intimidad con El y a la salvación eterna.
No significa esto que Dios “dictó” a cada autor su parte. En efecto, cada autor tiene su propia manera de expresarse, sus características especiales de pensamiento y de lenguaje, además de su idioma específico. En ese sentido, entonces, el Autor principal de la Biblia es Dios mismo, y los escritores actuaron como instrumentos de Dios. La Biblia es Palabra de Dios” homilia.org/.
Somos la creación de Dios. Su Palabra siempre nos conduce- en su proyecto- a la Vida Eterna.
Quienes están dominados por la soberbia o la mala fe, refiriéndose a la Resurrección de Jesucristo y su Ascensión a los cielos, plantean que no hay respuestas para preguntas tales como: ¿Por qué los diferentes escritos sobre el suceso se contradicen unos a otros?
¿Por qué no se apareció a aquellos que le negaban y sólo lo hizo ante sus incondicionales? ¿Cómo es que sus discípulos no le reconocen, se sorprenden y se aterran cuando, según señalan los textos, había profetizado varias veces su resurrección?
El 4 de marzo de 2007 se presentó por televisión en EE.UU. un documental sobre 10 osarios antiguos descubiertos en un suburbio de Jerusalén en 1980. Ya 11 años atrás la BBC de Londres había producido un documental con el mismo argumento que asegura que los osarios podrían contener los restos de Jesús, de un hijo suyo llamado Judas, y de la Virgen María. Amos Kloner, uno de los más destacados arqueólogos israelíes (en 1980 supervisó oficialmente las excavaciones de la tumba), definió la película como “una farsa publicitaria”. Señaló que la nueva producción de Discovery Channel es un renovado intento de crear controversia en el mundo cristiano, sin ninguna prueba, por parte personas que ni siquiera son arqueólogos. Fueron halladas más de 70 tumbas con osarios de las mismas características y con nombres similares inscritos que eran muy comunes en la era del Segundo Templo. Por supuesto, la mentira para la TV está acompañada de inútiles análisis de ADN mitocondrial.
Algunos detractores dicen que la vida y milagros de Jesús presentan todas las características de los mitos conocidos entre los pueblos del Mediterráneo y que el apóstol Pablo hizo que los seguidores de Jesús adoptaran el mito mediterráneo del hombre-dios (como se consideraban a Krishna, Athis, Mitra, Osiris, etc.) que moría por los hombres para luego resucitar. Y que de esta forma el fracaso del Jesús histórico que muere ajusticiado se transforma en el triunfo de un Cristo resucitado.
Sobre los mitos- para el caso- el único ejemplo interesante por su coincidencia histórica, es el del mitraísmo.
Mitra un dios de la luz solar, de origen persa corresponde a una creencia pagana adoptada en el imperio romano. Se conservan diversas esculturas, en su mayor parte del siglo II. Se lo representa como un hombre joven, con un gorro frigio, matando con sus manos un toro (taurobolio) de cuya sangre fluye vida eterna.
Hasta lograr la conversión de Constantino a la verdadera fe cristiana, con el esfuerzo que demanda a los Apologistas y Padres de la Iglesia su evangelización, el mitraísmo compite en popularidad con el cristianismo. No es necesaria ninguna explicación académica para entender la conversión general al cristianismo. Basta recordar las creencias y prácticas rituales del culto a Mitra dios solar. Aun Heliogábalo (Marco Aurelio Antonio, emperador romano desde 218 hasta 222 d. J. C.) sumo sacerdote del dios solar de Emesa (no el emperador Marco Aurelio 161- 180, filósofo estoico, durante cuyo reinado fue condenado a muerte San Justino), practicaba las castraciones sacerdotales, históricamente precedidas y continuadas por los sacrificios al dios Mitra de apariencia humana que se representa “degollando a un toro, mientras un perro que corresponde a la constelación de Sirio bebe su sangre de vida eterna, una serpiente astral devora la médula de la bestia y de sus testículos bebe semen el escorpión de la constelación que lleva su nombre. Los mitraístas se organizaban en pequeñas comunidades religiosas, compuestas sólo por varones que adoraban a Mitra como el dios que trae la luz y, por tanto, la salvación de los hombres” (Historia Nacional Geographic número 24).
Por los hallazgos arqueológicos se sabe que es una religión aceptada por los romanos en el año 62 a J.C. que fue contemporánea del cristianismo hasta el siglo IV. Los textos más antiguos encontrados acerca del mitraísmo datan del siglo II, siendo tardíos respecto a los del Nuevo Testamento, por lo que la hipótesis de que algún relato evangélico pueda tener origen en el mitraísmo no tiene fundamento historiográfico. Los documentos existentes demuestran que el mitraísmo adaptó algunos relatos del cristianismo mientras coexistieron, haciendo aparecer a Mitra también como víctima y como luz para la salvación eterna., nacido de una roca pero además de una virgen.
Hablemos de luz en el cristianismo. La luz solar era asimilada en el mundo pagano como luz divina. En la teología cristiana definitivamente desde el principio se entiende a la luz divina como espiritual (Evangelio según san Juan 1).
San Gregorio de Nisa en su predicación sobre la fe cristiana, también se refiere a la materia y nuestra percepción según el plan de Dios. Sus enseñanzas y las de otros Padres de la Iglesia a través de varios Concilios, constituyen el claro antecedente dogmático sobre la virginidad de María.
El Santo Padre Pablo IV declaró en 1555 que la Santísima Virgen María permaneció «virgen antes del parto, en el parto y por siempre después del parto» (Pablo IV, Const. Cum quorundam, 7-VIII-1555). Pero no fue milagrosa solamente la concepción del Hijo de Dios, sino que también lo fue el parto, pues a la manera como un rayo de luz atraviesa un cristal sin romperlo ni mancharlo, nació nuestro Señor Jesucristo, permaneciendo virgen su Madre (Jesús Martínez García, Ed. Rialp, Madrid 1992, en “Hablemos de la Fe. 10- La Virgen María”) .
El Nacimiento de Jesucristo fue milagroso. Por lo tanto, no quebrantó su virginidad, antes la consagró (Vaticano II, Lumen Gentium) porque el Señor Niño salió de su Purísimo seno como un rayo de sol traspasa un cristal, sin romperlo ni mancharlo, afirmaron Padres y doctores, expresión que quedó para siempre al asumirla el Catecismo de San Pío X, y así lo proclama la Liturgia (lex orandi, lex credendi; la ley de la oración es la ley de la fe): “Sicut sidus radium, profert virgo filium, pari forma” (Como un rayo del cielo, de manera semejante, da a luz la virgen al Hijo). Jorge Sernani Panópulos en “María Santísima es la Virgen perfecta y perpetua” publicado por Catholic.net Inc.
Por supuesto, los Padres hablan de la Omnipotencia divina alejados de controversias cientificistas, y ajustan la declaración anterior que identifica la luz (energía) en la que se transporta materia (su cantidad es la masa) diferenciando esta luz material- idea de Dios para nuestra temporalidad- de la luz de Dios como espiritualidad infinita.
Luego de hablar Jesús- a los discípulos- del Reino de Dios: “Sucedió que unos ocho días después de estas palabras, tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó*, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante**, y he aquí que conversaban con él dos hombres, que eran Moisés y Elías; los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Y sucedió que, al separarse ellos de él, dijo Pedro a Jesús: ‘Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’, sin saber lo que decía. Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor. Y vino una voz desde la nube, que decía: ‘Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle.’ Y cuando la voz hubo sonado, se encontró Jesús solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.” Evangelio según san Lucas 9, 28-36.
(Notas sobre la Transfiguración de Jesús. * “Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.” Mt 17, 2; ** “y sus vestidos se volvieron resplandecientes” Mc 9, 3).
No hubo tiempo para que se desarrolle un mito desde la crucifixión y resurrecciòn de Jesucristo. Una leyenda no reemplaza a los hechos mientras la mayoría de sus observadores permanecen vivos.
( ) Los milagros descritos en los evangelios no son frívolos, ostentosos o fantásticos, como en leyendas y mitos. En el Evangelio, los milagros siempre son para gloria de Dios y en respuesta a una necesidad humana legítima.
(“Without a Doubt: answering the 20 toughest faith questions”, Kenneth Richards Simples, BakerBooks, GrandRapids, Michigan, 2004. Bitácora de Ronald y Ligia Mennickent.)
“A través de la lectura de los evangelios, resulta patente que la cruz de Jesús no puede aislarse de su vida. Su pasión es el culmen de una existencia, marcada por la total entrega a hacer presente el Reino de Dios en este mundo injusto. Esta consagración al Reino de Dios de palabra y obra, ha provocado el entusiasmo de unos pocos y el odio, cada vez más encarnizado y creciente de sus adversarios, que le arrastró finalmente a la muerte. Jesús no fue un monje confinado en una cueva (un esenio de Qumrán), ni un hombre relegado en el desierto (Juan Bautista); él actuó y predicó en público, abiertamente, en las casas, en el campo, en el templo y en la sinagoga. Su actividad no pasó desapercibida, sino que fue observada y espiada. Y muy pronto encontró la oposición frontal de los poderes religioso-políticos de su tiempo. Jesús contaba con la posibilidad de una muerte y muerte violenta.
Los grupos religiosos de su tiempo estaban permanentemente a su acecho. Los mismos escribas reconocían que Jesús hablaba y enseñaba con autoridad sin tener en cuenta la condición de las personas (Lc 20,21). A pesar del enorme prestigio que gozaban entre el pueblo -la dignidad de los herederos de los profetas-, Jesús les echó en cara que imponían cargas insoportables al pueblo y que le cerraban el reino de los cielos (Lc 11,45-52). Y al pueblo le recomendaba que se librase de su levadura (Lc 20,45-47). A los fariseos, que tan profundamente despreciaban a la gente sencilla, que motejaban como "pueblo de la tierra" (am-ha-arets), y le arrebataban no sólo el pan, sino el consuelo de la mesa de Dios, les dirigió profundos reproches y los invitó a la conversión (Lc 11,37-44). Esta audacia, que nacía soberanamente de su filiación divina y de su amor al hombre, viva imagen de Dios, le condujo a la muerte (Mc 3,6). Los herodianos se asocian a los fariseos, para preguntarle capciosamente acerca del tributo al César (Mc 12,13), una de las acusaciones en la pasión (Lc 22,2). También Herodes Antipas quiso matar a Jesús (Lc 13,31-33)”
(cmfapostolado.org/recursos/pgapostolado/palamisi/html/html3/Tema07.htm.
“Desde los comienzos del ministerio público de Jesús, fariseos y partidarios de Herodes, junto con sacerdotes y escribas, se pusieron de acuerdo para perderle (Mc 3, 6).
Por algunas de sus obras (expulsión de demonios, cf Mt 12, 24; perdón de los pecados, cf Mc 2, 7; curaciones en sábado, cf Mc 3, 1-6; interpretación original de los preceptos de/pureza de la/Ley, cf/Mc/7, 14/23; familiaridad con los publicanos y los pecadores públicos, cf Mc 2, 14-17) Jesús apareció a algunos malintencionados sospechoso de posesión diabólica (cf Mc 3, 22; Jn 8, 48; 10, 20).” Catecismo de la Iglesia Católica, 574.
“El cerco de sus adversarios se iba estrechando, y los evangelios hablan de un complot bien organizado contra Jesús (Mc 14 1; Mt 26,3-5; Lc 22,1-2), y que acaba con su detención, un juicio sumarísimo nocturno, y entrega a Pilato para que lo ejecutara.
Jesús presagiaba una muerte de carácter violento. El viene a anunciar e implantar el Reino de Dios; pero su lealtad le va a ocasionar esta muerte. Jesús no la rehúye, ni rebaja las exigencias de su mensaje ni claudica ante las amenazas recibidas. Sigue fiel, a pesar de que se va quedando cada vez más solo e incomprendido en su tarea. Su muerte en cruz sellará definitivamente una vida de entrega incondicional a la misión, recibida del Padre” (cmfapostolado.org/recursos/pgapostolado/palamisi/html/html3/Tema07.htm).
“La flagelación romana era un horrible martirio. Desnudo completamente el delincuente, se lo ataba, a una columna de la altura del hombre y se lo azotaba sin compasión por cuatro verdugos, sin límite en el número de golpes; el instrumento de la flagelación solía ser el azote o la correa. El azote se hacía de cuero, y a menudo iba provisto de aguijones y de trocitos de hueso en forma de cubos, de botoncitos metálicos o de bolitas esféricas. Cuentan de los mártires de Esmirna (act. Izmir), que se les descarnaba hasta que aparecían los tendones y las redes vasculares, de suerte que se les podía apreciar la estructura interior del cuerpo. Filón, con otros muchos escritores, refieren que a menudo los flagelados desfallecían y venían a morir (Schuster-Holzammer)”.
“Los soldados escarnecen a Jesús. Han oído que acusaban a Jesús de que quería proclamarse rey y hacen una parodia, presentándolo como rey de burla.
Le ponen un jirón de púrpura por manto, una corona de espinas como otro tormento intenso, y una caña- con la que lo herían en la cabeza- por cetro y doblan su rodilla ante él abofeteándolo, escupiéndolo, injuriándolo.
Quedó de tal suerte desfigurado Jesucristo después de aquellos primeros tormentos, que no tenía aspecto de hombre. Y creyendo Pilatos que la presencia de Jesús movería a compasión a la multitud, lo hace salir afuera y, presentándolo al pueblo, dice: ‘Aquí tenéis al hombre’. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: ¡Crucifícalo, crucifícalo!
Pilatos, sin pretenderlo, dijo con estas palabras una gran verdad. Jesucristo, que es verdadero Dios, es también hombre y modelo perfecto para todos los hombres. La perfección moral del hombre no consiste en otra cosa más que en la imitación de Jesús” (Rvdo. Enrique y Tarancón).
La muerte en la cruz la emplearon en gran escala los romanos como el suplicio más cruel y denigrante que existía.
Era la pena que sufrían los esclavos y criminales. Era costumbre desnudar a los crucificados para así aumentar su humillación.
En el suelo, se les clavaban los brazos al palo transversal de la cruz, que ellos mismos habían llevado hasta el lugar del suplicio. Los clavos se introducían próximos a las manos entre los dos huesos de cada antebrazo. Cuando los brazos estaban clavados, se izaba a los condenados con sogas para colocar el palo horizontal sobre el vertical ya hundido en la tierra. Se clavaban entonces los pies, introduciendo el clavo entre los huesos de los tobillos. La permanencia de los clavos, en todas las perforaciones contra nervios principales, provocaba dolores indescriptibles. Finalmente, se clavaba la tablilla de acusaciones en lo alto de la cruz. A veces los crucificados eran amarrados con cuerdas. La cruz no era esbelta. Era corta y los pies quedaban a muy poca distancia del suelo. Entre las piernas una especie de saliente en el madero sostenía el cuerpo, que quedaba apenas sentado. Se trataba así de evitar que el crucificado se desplomara, para prolongar lo más posible su sufrimiento. Muchos crucificados permanecían varios días agonizando en la cruz rodeados de aves de rapiña y animales salvajes. La insoportable posición de todo el cuerpo iba dificultando cada vez más la respiración y generalmente la muerte de los crucificados sobrevenía por asfixia. Jesús murió en horas por la terrible flagelación que le habían infligido (P. José María Vigil).
Jesucristo- Dios Encarnado que se entregó a la Pasión por nosotros- cuando alcanza todo el sufrimiento posible, ruega al Papá (Abba) con angustia pero sin desesperación:
“¡Dios mío, Dios mío! (¡Elì, Elì!) ¿por qué me haz abandonado?”(Mt 27, 46).
Los discípulos están enormemente conmocionados luego de ver lacerar el cuerpo de Jesús en un suplicio espantoso.
Lo que motiva- históricamente decimos como un recurso lógico- la reacción de los desalentados, acongojados y dubitativos discípulos de Jesús es su resurrección. Este acontecimiento extraordinario los decide, ya sin dudas, a llevar el Evangelio a todo el mundo conocido.
Los incrédulos elaboran este tipo de preguntas: Si Dios ha resucitado a Jesús, ¿por qué ha permitido su muerte?
“Esta muerte ha tenido que estar prevista en los designios de Dios. Esta muerte ha sido para la salvación del pueblo y de la humanidad entera. La resurrección de Jesús obligó a sus seguidores a reflexionar sobre la muerte de aquel hombre abandonado por todos pero resucitado por Dios. A la luz de la resurrección, se vieron obligados a descubrir el significado profundo encerrado en la muerte de aquel hombre condenado en nombre de la Ley como blasfemo, arreligioso, perturbador del orden público, peligroso para la sociedad, pero resucitado por Dios.
En la cruz ha muerto el Hijo santo de Dios, «aquel que no conoció pecado» (2 Co 5, 21). No era Jesús el pecador. Pero la muerte de Jesús no ha sido inútil.
La resurrección nos descubre que la injusticia, el mal y la muerte no tienen la última palabra. La resurrección del crucificado nos abre un camino de redención. Desde ahora podemos esperar liberación si sabemos decir no a la injusticia con el mismo espíritu de Jesús” (José Antonio Pagola en‘Cristología’).
La Resurrección de nuestro Señor tiene absoluta coherencia con las Sagradas Escrituras.
La verdad de la Resurrección con la presencia y la palabra de Jesús y la llegada del Espíritu Santo, explican porque los discípulos, superando cualquier temor, deciden afrontar penurias, acusaciones infamantes y persecuciones despiadadas.
“Por los evangelios vemos que la vida de Jesús acaba en fracaso: los discípulos dejan solo al Maestro ante su Pasión, lo abandonan y huyen. Con la muerte de Jesús parece terminar su historia, y con su sepultura se cierran definitivamente su pretensión y tantas expectativas mesiánicas en él depositadas. Según la creencia judía Dios había condenado a un blasfemo, y maldecido con la ignominia de la cruz a un usurpador. Su muerte en cruz aparecía como un castigo definitivo infligido por Dios. Todo parecía, en fin, concluido y clausurado. Los discípulos de Emaús son exponentes de tan amarga decepción: "Nosotros esperábamos que sería él el liberador..." (Lc 24,21). La esperanza se había marchitado. En la dispersión y abandono acabaron los secuaces de Teudas (Hch 5,36) y de Judas el Galileo (v.37), cabecillas judíos de por entonces. Pero no fue así el desenlace final de nuestra historia. De repente comienzan los discípulos a proclamar a Jesús. Unos hombres, hasta hace poco atemorizados, desde siempre "iletrados"(Hch 4,13), actúan de una manera inaudita. Tres señales pueden serles reconocidas: tienen coraje para hablar, aguante para soportar, y alegría por sufrir en el nombre de Jesús. Predican con un atrevimiento rayano en la audacia, frente al pueblo y las autoridades religiosas de su tiempo (y así hasta hoy...). No silencian el hecho escandaloso de la cruz, sino que lo proclaman como sabiduría y poder de Dios, aunque resulte escándalo para los judíos y locura para los paganos (cf.1 Cor 1,22-24). ¿Por qué?
¿Qué sucedió? Algo extraordinario ocurre al margen de cualquier intento humano de explicación satisfactoria. La dinámica que presentan los evangelios, brevemente expuesta, es la siguiente. Un acontecimiento especial ha sucedido en Jesús con la resurrección. El Resucitado se encuentra con los discípulos mediante las apariciones. La consecuencia es el renacimiento de la fe y la misión de los discípulos. Hay que insistir en que lo primero es que algo, previamente, ha acontecido en el mismo Jesús; y este es el principio y causa de que cambien los discípulos. Es un renacimiento lleno de contrastes, que va diametralmente en contra de las expectativas humanas, psicológicas y sociales. No es posible explicar que de una persona muerta y enterrada se levante un grupo de hombres comprometidos. Tampoco puede entenderse el radical cambio operado sobre la cruz: lo que era motivo de vergüenza, ahora es objeto de adoración. ¿Cómo de la desesperanza creció la esperanza, de la dispersión la comunión, del abatimiento el empuje? No hay ninguna otra respuesta convincente. La única explicación es la que ofrece el NT: Jesús ha resucitado. Hay que decir que la Iglesia cristiana nace aquí "ontológicamente" (por designio de Dios): "Verdaderamente ha resucitado el Señor" (Lc 24,34). Y a la luz de la resurrección, los discípulos pueden ver y entender el misterioso designio de Dios, presente en la vida y muerte de Jesús, que son ahora interpretadas salvíficamente”
(cmfapostolado.org/recursos/pgapostolado/palamisi/html/html3/Tema07.htm).
Hechos de los Apóstoles presenta a dirigentes judíos como enemigos de los Apóstoles, no incluyendo de forma tan clara a los romanos.
Es obra de un autor que nunca menciona su propio nombre aunque indica que es un compañero de Pablo. Selecciona cuidadosamente sus materiales con un propósito claro: promover la historia de la Iglesia. Se atribuye la autoría a Lucas.
Hechos finaliza bruscamente con el comienzo del cautiverio de Pablo en Roma, hacia el año 60.
Aunque Hechos de los Apóstoles relata el martirio del diácono Esteban y del apóstol Santiago el de Zebedeo, no menciona el de Santiago el “hermano de Jesús”, que tuvo lugar en el año 62 y constituiría un argumento más para presentar a los dirigentes judíos como enemigos, de quienes siguieron a Jesús, exculpando a los romanos.
No menciona la muerte de Pablo en los años 60 y tampoco la de Pedro durante las persecuciones de Nerón entre 62 y 67.
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